Comprar vaqueros (y sobrevivir al intento)

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O por qué este artículo no trata solo de tallas.

Comprar vaqueros debería ser un trámite sencillo: entras en una tienda, eliges un modelo que te guste, lo pruebas y te lo llevas.
Spoiler: jamás es así.

No sé a quién se le ocurrió que las luces de los probadores tienen que parecer un quirófano de hospital ni por qué cada marca decide inventarse su propio sistema métrico o por qué el espejo te saca formas extrañas que realmente tu cuerpo no tiene.
Lo que sí sé es que casi nunca sales sintiéndote bien.

Entras con ganas, motivada y preparada mentalmente para lo que ya sabes que se avecina. A veces incluso con ilusión porque te apetece cambiar de look. Pero basta con probarte un par de modelos para que la cosa se tuerza: uno no sube del culo, otro cierra pero no puedes respirar, otro te queda corto.
Y entonces te miras al espejo con una mezcla de rabia y resignación y piensas:
“¿Qué le pasa a mi cuerpo?” Es frustrante. 

Pero no, amiga.
La pregunta correcta es: ¿qué les pasa a los pantalones?

Esto no va de estilo, va de autoestima

Lo frustrante de los vaqueros no es solo que no te queden bien. Es lo que te hacen sentir en ese instante. Se acaba el día de compras.

Es como si ese trozo de tela tuviera el poder de dictar si ese día te vas a gustar o no.
Y sinceramente, ya tenemos suficientes batallitas en nuestra cabecita como para que también nos la de una talla 38 que parece una 34.

He salido de tiendas sintiéndome mal conmigo misma. Con ganas de llorar por no “entrar” en nada. Llamando a mi madre para desahogarme.
Y no es que sea dramática: es que es muy difícil no tomárselo como algo personal cuando lo personal es precisamente tu cuerpo.

Lo peor es que no estamos solas en esto. Todas tenemos una amiga que usa una talla en una tienda, otra distinta en otra y que tiene que probar tres versiones del mismo modelo “por si acaso”.

No eres tú. Es el pantalón

Tu cuerpo no cambia porque una etiqueta lo diga.
Y tú valor no baja porque una talla no suba.
No puedes dejar que la frustración de un mal probador defina cómo te hablas el resto del día.

Lo que intento ahora, cada vez que entro a una tienda, es recordar que yo no tengo que adaptarme a la ropa.
La ropa debería adaptarse a mí.
Y si no lo hace, no es para mí. Punto.

Así que esta es mi invitación:
La próxima vez que vayas a comprarte unos vaqueros y no te entre ninguno, no te digas que estás mal.
Solo que aún no has encontrado el que está bien hecho para ti (cuando lo encuentres haz como mi madre y compra 5 de diferentes tonos).

Por si hoy lo necesitas

Si hoy estás teniendo un día de esos en los que nada te queda bien, recuerda esto:
💙 Tu talla no es tu valor.
💙 Tu forma no necesita aprobación.
💙 Ningún pantalón vale más que tu autoestima.

Y si encuentras unos vaqueros que te hagan sentir cómoda, guapa y fuerte, llévatelos sin pensarlo.
Y si no… no te compres ninguno. 

Habrá otros vaqueros, otras formas de pantalón, otras tiendas… y otros días en los que todo encaje un poco mejor.

Puedes dejar en comentarios tus vaqueros o pantalones favoritos. Los míos son unos jeans baggy de Bershka y en verano apuesto siempre por pantalones de lino o falditas largas.

Carmen

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